Ayer, Matías y yo, llegamos a la oficina de malhumor por el hambre y la corrida, todos despeinados, medio sucios y absolutamente dormidos. Como era de prever, Marcelo se dio cuenta y me miró todo el día con expresión de madre decepcionada. Y aunque sé que debí ignorarlo, no pude evitar hacerle unas sonrisas exageradas […]






